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VELAS

ANEXOS
La información que se incluye en estos
anexos, únicamente tiene carácter
informativo.
NOSOTROS FABRICAMOS VELAS AROMÁTICAS
DECORATIVAS ARTESANALES.
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LA HISTORIA DE LAS VELAS |
LA VELA (antes del siglo I, Roma)
Parece ser que la vela se adoptó
relativamente tarde para la iluminación casera. La más antigua
descripción aparece en escritos romanos del siglo I d.C., y este
nuevo invento se consideraba una obra de arte. Hechas de sebo, un
extracto sólido casi incoloro e insípido de grasa animal o vegetal,
las velas eran también comestibles, y abundan los relatos acerca de
soldados que, acosados por el hambre, devoraron sin titubear sus
raciones de velas. Siglos más tarde, los guardianes de faros
británicos, aislados durante períodos de varios meses, hicieron de
la ingestión de velas una práctica profesional reconocida.
Incluso las velas de sebo más caras
exigían que, cada media hora, se despabilara el extremo carbonizado
de la mecha o pabilo, sin extinguir la llama. Una vela que no se
sometiera a esta operación, no sólo difundía una pequeña parte de su
capacidad, sino que la llama, al arder muy baja, derretía
rápidamente el sebo restante. De hecho, en una vela que se dejara
arder por sí sola, sólo se consumía el 5 por ciento del sebo, y el
resto quedaba sin aprovechar. Sin que alguien las despabilara, ocho
velas de sebo, con un peso de una libra, se consumían en media hora.
Un castillo en el que ardieran cientos de velas de sebo por semana,
requería un equipo de sirvientes encargados de despabilarlas.
Hasta el siglo XVII hubo compañías
teatrales que contaban con un muchacho al que se confiaba esta
tarea. Ducho en este arte, entraba de vez en cuando en escena, en
ocasiones coincidiendo con un momento de tensión dramática, para
recortar los pabilos carbonizados de las velas humeantes. Aunque su
entrada solía ser ignorada, si remataba con éxito la operación con
todas las velas, el público le dedicaba un aplauso. Esta difícil
tarea ya no tuvo objeto a partir de finales del siglo XVII, cuando
se propagó el uso de las velas de cera de abeja, que se evaporan
parcialmente. La cera era tres veces más cara que el sebo, pero las
velas fabricadas con ella ardían con una llama más viva.
La Iglesia católica ya había adoptado el
lujo de los cirios de cera, y la gente muy rica los empleaba para
las grandes ocasiones. Datos referentes a una de las grandes
mansiones británicas muestran que, durante el invierno de 1765, sus
habitantes consumieron más de cien libras de velas de cera en un
mes.
En el siglo siguiente, las velas de lujo
serían la de cera blanquísima y reluciente, la dura y amarilla de
sebo vegetal, procedente de China, y la vela verde, perfumada con
laurel, utilizada en la costa nordeste de Norteamérica.
Se dice que las primeras velas fueron
desarrolladas por los antiguos Egipcios, quienes usaban "Velas de
Junco" o antorchas empapando los carrizos de sebo fundido, sin
embargo, los romanos fueron los que mejoraron las velas utilizando
pabilo, de esa manera auxiliaban a los viajeros en la oscuridad, y
proveían de luz a los hogares y sitios de culto. Al igual que los
Egipcios, los romanos utilizaban el sebo de ovejas y vacas como
principal ingrediente.
Arriba
A fines del Siglo XVIII, gracias al auge
de la casa de ballenas, las velas comenzaron a hacerse con la
esperma de las ballenas, el cual lo obtenían de la cabeza del
animal.
Tuvo gran éxito ya que las velas que se fabricaban con este
material, no tenían olor desagradable, al prenderse, además de que
no se reblandecían o deformaban con el calor del verano.
Las primeras velas y cirios se elaboraron
con sebo, grasa animal que desprendía un humo negro poco atractivo;
luego este ingrediente fue reemplazado por la cera de abeja, un
elemento de costo elevado que sólo podía ser adquirido por los
clérigos y las ricas minorías. A mediados del Siglo XIX, el
desarrollo de la estearina como compuesto químico, originalmente
producido a partir de la grasa (Mineral) refinada que produjo
grandes cambios en la técnica de hacer velas; se extendieron los
tiempos de mayor duración, dureza y los colores se tornaron más
opacos y de buen olor.
Hacia 1850 durante el proceso de
refinación del petróleo, se descubrió una cera de color
blanco-azuloso que ardía limpiamente y no emitía olor desagradable,
se le llamó cera-parafina, que pronto sustituyó a los materiales que
en ese entonces se utilizaban en la fabricación de las velas.
En la época colonial, se utilizó la cera
que se obtenía hirviendo las bayas de árbol de la cera, si bien
ardía limpiamente, el proceso de obtención era demasiado tedioso,
por lo que su popularidad disminuyó. Fue en el Siglo XIX, cuando se
comienzan a fabricar las velas en máquinas de producción contínua.
En la actualidad, las velas se encienden
para crear un clima especial que según la ocasión, puede ser
confortable, cálido, íntimo o romántico. Además constituyen un
importante recurso decorativo muy usado durante las fiestas
Navideñas y otras celebraciones especiales, en la que comenzamos a
impregnarnos de esa energía que transmiten, porque sin duda, un
ambiente iluminado por velas está rodeado de un halo mágico que
misteriosamente consiguen hechizarnos.
El origen de las velas es tan antiguo
como la civilización humana, su utilización milenaria siempre ha
sido asociada a fines místicos. En las diferentes culturas han sido
usadas como medio de comunicación con los dioses, teniendo el cuerpo
de la vela (Cera) como cuerpo físico del ser humano, el
pabilo se
refiere a la mente y la llama al espíritu.
No importa que tendencia religiosa se
practique, las velas siempre han estado presentes en Templos,
Altares, Palacios, Hogares, etc.
Arriba
Las velas también han sido usadas para
efectuar rituales tales como protección del hogar, atracción del ser
amado, prosperidad, abundancia, salud, entre otros.
Se ha dicho con frecuencia que cuando la
llama de una vela es azul o sombría, hay un fantasma o espíritu en
la casa o en las cercanías. En Alemania, una vela cuya llama se
divida y parta, predice la muerte en la casa; una vela que
suelte una chispa al aire, significa que pronto llegará una carta
para aquél que esté sentado enfrente o más cerca de ella, había tres
ocasiones principales en las que se encendían velas: En el
nacimiento, para asegurar que los malos espíritus se mantuviesen
alejados del recién nacido y en Roma esto ponía al niño bajo la
protección personal de la diosa Vesta.
En el matrimonio, para impedir que "El
mal de Ojo" arruinara el futuro de la pareja, mientras que las velas
encendidas en la muerte, eran una salvaguardia, pues ningún demonio
se atrevería entonces a robar el alma del fallecido.
Las subastas de velas eran muy comunes en
los Siglos XVII y XVIII y se cree que aún existen algunas hoy en
día. Se clavaba una aguja en una vela, a una pulgada bajo la mecha y
la subasta continuaba hasta que caía la aguja, siendo la última
oferta hecha antes de la caída de la aguja la que se aceptaba.
Contrariamente a lo que se diga, los
ritos que se efectúan con velas son altamente efectivos, ya que al
prender una vela se está abriendo una puerta a otra dimensión, a
otro plano astral superior; es muy importante que cuando prendamos
una vela sea con un cerillo de madera para que la magia sea completa
y cuando la apaguemos sea con la punta de los dedos mojados o con
una campanita para sofocar la flama. Nunca debe soplarse ya que de lo
contrario la magia será nula.
Arriba
Recuerde que las velas pueden tener aroma
y color, y que cada color desprende una vibración diferente que es
benéfica para diferentes fines.
En tiempos pasados antes de que el gas y
la electricidad se convirtieran en el único medio de energía para el
mundo, únicamente se utilizaban las velas que producían luz
artificial.
Ahora, a pesar de que no son muy
necesarias, nos gustan y las utilizamos para decorar o por algo muy
especial que nos atrae de ellas; las velas tienen propiedades de
cambiar el ambiente y crear una atmósfera hechizante y de gran
belleza no sólo para decorar, también para hacer un buen regalo.
Antiguamente el hombre utilizó para
alumbrarse palos y teas de madera con resina. La invención de las
velas como tal se debe a los etruscos, que recibían en nombre de
"cereus", "cereus fanalis" y "cebaceus". Todos estos nombres
designaban a velas o cirios de cera, sebo o pez con mecha de fibras
vegetales como papiro, junco o estopa.
A la luz de las velas se han
escrito poemas, tratados científicos y filosóficos. Arañas
gigantescas que una garrucha permitía bajar para encenderlas y
apagarlas, colgaban de los techos de las iglesias y los castillos.
Las velas más elegantes y
refinadas, hechas con cera de abejas, quemaban lentamente, emanando
una fantástica fragancia de miel: las sencillas, hechas con grasa de
animales, olían mal, pero también iluminaban.
En 1831 se halló la estearina
mediante la purificación del sebo, que quema durante largo tiempo y
sin desprender olor.
En 1850, elaborando los derivados
del petróleo, se obtuvo la parafina, el producto básico en la
fabricación moderna de las velas.
Pero era demasiado tarde… en 1811
ya se había descubierto el sistema para calentar y hacer luminoso un
filamento mediante energía eléctrica.
A partir de 1879, Thomas Alva
Edison, el inventor más fecundo de todas las épocas, inventó algunos
artefactos indispensables en la actualidad, entre los que se cuentan
la bombilla, el interruptor y el fonógrafo.
Los antiguos hicieron amplio uso de
la cera para la preparación de medicamentos y, en las canteras
navales, para impermeabilizar el maderamen destinado a la
construcción de los cascos.
Las velas constituían el medio
ordinario de iluminación en las casas y además se colocaban en las
tumbas y los altares.
Arriba
Con la cera se plasmaban figuras de
hombres, animales y divinidades familiares, estatuillas votivas,
muñecas y flores ratifícales.
Se escribía sobre tablillas de cera
y se utilizaban trozos de cera coloreada, frecuentemente en rojo,
como lápices para escribir. La cera se utilizó como material para
realizar esculturas y bocetos (David de Miguel Ángel, Perseo de
Cellini).
En la actualidad, velas, candeleros
y candelabros completan la decoración y crean una atmósfera íntima y
romántica, rica en nostalgia y encanto.
Velas envueltas en una hoja seca o
sostenidas por sofisticados y elaboradísimos candelabros, farolitos
de papel o lamparillas variopintas que flotan sumergidas en el agua
contenida en cuencos de cristal… moldes para velas o flores secas
para realizar deliciosas decoraciones, velas adornadas con
esponjado, estarcido o découpage, esculpidas y modeladas, perfumadas
con aceites y esencias… Se expresa a través de ellas, creatividad y
rodean de ese calor y misterio que emana exclusivamente de las
velas*.
Una vela prendida atrae cosas
maravillosas y positivas, porque concentra la energía latente en el
Universo con un fin determinado: Hay algo extraño en las velas y su
luz. Las velas son manifestaciones del fuego y éste ha maravillado
al hombre desde épocas primitivas.
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LA MAGIA DE LAS VELAS |
Las velas son la expresión mágica
más bella y simple; se utilizan en las ceremonias y rituales casi
todos alguna vez hemos hecho magia con las velas, como por ejemplo
cuando se prenden velas en un cumpleaños y se pide un deseo antes de
apagarlas.
Las velas tienen un efecto mágico
que convierte tu hábitat en un lugar agradable, romántico y
tranquilizante
En Roma se utilizaban hachas de
cera en los santuarios paganos que especialmente eran ofrecidas en
los saturnales. También las lámparas que figuraban entre las
insignias de los prefectos del pretorio en el siglo IV eran
antorchas de cera puestas sobre candelabros.
Pero la vela o el cirio empieza a
tener no sólo una utilidad práctica para iluminar durante la noche,
sino también un sentido místico, mágico y religioso. En pinturas de
primitivas catacumbas aparecen cirios sobre los altares,
especialmente en los de los mártires, tal vez copiando costumbres
paganas como los saturnales.
La vela ha tenido un importante
protagonismo en la magia, antiguamente este instrumento de
iluminación era buscado ansiosamente, hasta el punto de que en los
siglos XVII y XVIII se realizaban importantes subastas de velas.
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Un ritual pictórico
En "La Historia pintoresca de los
brujos", publicada en París en el año 1846, encontramos un grabado
verdaderamente revelador de la antigua magia con velas. El grabado
representa al mago inglés John Dee, astrólogo de la reina Isabel
alquimista, matemático y geógrafo. En este grabado John Dee se
encuentra en compañía de su amigo Kelly quién evocaba, según la
leyenda, a todos los muertos ilustres que quería.
Esta evocación se efectuaba a través de
un conjuro, y para ello, según muestra el grabado, se dibujaba un
doble círculo en el suelo, escribiendo nombres y cifras mágicas
entre los dos círculos, y otros gráficos de protección en el
interior, donde se situaban Dee y Kelly.
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Componentes mágicos
La vela no es de por sí un
elemento mágico.
Por supuesto en su composición podemos
encontrar ciertos aspectos materiales que tal vez han sido tratados.
Pero lo que hace de una vela un artículo verdaderamente mágico es el
ritual. El maestro confeccionador de velas sabe a qué hora, en qué
día y de qué forma precisa debe elaborar sus velas. Por lo general,
se recurre a tinturas y esencias naturales y poseerá muchas más
virtudes, posiblemente mágicas, cuanto más cera y menos parafina
contenga la vela.
El otro componente mágico de la
vela es el color. Las blancas servirá para casi todo, las negras
absorberán la energía y las rojas potenciarán la sexualidad. Las
azules serán ideales para temas mentales o reflexivos, las marrones
se utilizarán para asuntos laborales, las amarillas para encontrar
claridad de ideas y sentimientos. Las velas verdes serán ideales
para la salud física y las moradas para la psíquica.
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Encendido y apagado
Lo ideal es que la vela se encienda
o con una cerilla de madera, que es un elemento natural, o con otra
vela encendida con anterioridad. La vela debe encenderse siempre con
la mano dominante en la persona, ya sea zurda o diestra, mientras
que lo recomendable para encender una vela con otra es usar ambas
manos. El apagado o extinción de la vida de la vela, es también un
aspecto muy importante en la magia de velas.
Por norma general la
vela se deja consumir hasta el final, hasta que ella misma se apaga.
Sin embargo, cuando se desea alterar ese proceso y el apagado es
voluntario, el mejor sistema es apagar la llama utilizando los
dedos. De esta forma, toda la energía que hemos proyectado a la
vela, no se perderá en un soplido al aire.
También se puede utilizar
un apaga velas, pero recomendamos utilizar los dedos, ya que es el
método más personal.
Prender velas para obtener favores
o dar gracias por las Bendiciones recibidas, ha sido parte de una u
otra manera, de casi todas las religiones y sociedades. En los
archivos antiguos se encuentran datos de que los primeros sacerdotes
cristianos ponían velas blancas en sus iglesias para protegerse de
los espíritus demoníacos; los campesinos griegos usaban amarillas
para garantizar salud y longevidad y los romanos encendían velas
naranjas en su casa para obtener beneficios de la nobleza del lugar.
En todas partes del mundo existen
tradiciones que persisten a través del tiempo sin saber de donde
provienen. Así tenemos la quema de las velas, una forma de
esoterismo arcaico que se practica desde hace siglos, por personas
de diferentes clases sociales y diversas culturas.
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